Más de una veintena de muertes, en su mayoría de mujeres, se han registrado en la aldea de Corralitos, vecina de El Hatillo y zonas aledañas a El Picacho, en el Distrito Central. En distintos puntos de esta zona se han descubierto cadáveres que evidencian crímenes con saña, algunos aún en investigación por parte de la Policía Nacional y el Ministerio Público (MP).
Según agentes de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), la mayoría de los homicidios en este sector de la capital son de mujeres que previo a su deceso fueron víctimas de ultrajes sexuales y torturas.
Las féminas no eran originarias de la aldea, sino que habrían sido raptadas en otras colonias y barrios de Comayagüela, especialmente de zonas "calientes" o de alto grado de incidencia delictiva y criminal.
En el caso de los hombres, sus cuerpos también presentan signos de tortura.
Según registran inspecciones oculares en las escenas de crimen, previo al traslado de los cadáveres al Centro de Medicina Legal y Ciencias Forenses del MP, las víctimas están golpeadas, mutiladas, quemadas y hasta semidecapitadas, amarradas de pies y manos, con señales de asfixia o disparos en la cabeza.
Cuando los cuerpos son ingresados a la morgue, los médicos forenses reportan más hallazgos escalofriantes y la presencia de drogas o sustancias para envenenamiento.
Los muertos suelen ser encontrados por los habitantes de Corralitos o por policías que acuden al aviso en la línea de emergencia 911.
Nadie en el sector afirma haber visto algo, pero según los agentes de las postas aledañas, esto se debe al temor que tienen, al saber que su aldea ya no es la misma de antes y que tampoco los rodean "paisanos", sino personas ajenas quienes incluso utilizan algunas casas para actividades satánicas.

El pasado mes de mayo fue descubierto el cuerpo de Gloria Liceth Izaguirre Torres, frente a un altar satánico, al interior de una casona abandonada, ubicada en la aldea de Corralitos.
BRUTAL HOMICIDIO
El crimen más reciente en Corralitos ocurrió la noche del pasado martes 26 de junio, cuando pobladores escucharon la llegada de al menos dos vehículos en el sector. Los estacionaron al ingresar por un camino que lleva a terrenos privados y debido a lo alto de la maleza fácilmente quedaron ocultos. Apenas lograron oír el susurro de algunas voces airadas y gemidos. Horas después salieron a velocidad, el crimen se había consumado.
Para el día miércoles 27 de junio, la Policía ya había reportado el deceso de Jennifer Andrea Benítez Castañeda, de 21 años de edad. Su cuerpo estaba semidesnudo, boca arriba y su rostro bañado en sangre. La agraciada muchacha trabajaba en una pizzería, tenía muchos amigos, le gustaba divertirse y ese martes iría al cine, pero por la noche no regresó a su casa.
Si bien, los aldeanos en Corralitos avisaron sobre el hallazgo del cuerpo en horas tempranas del miércoles, fue hasta llegada la tarde noche que un nutrido grupo de policías y personal forense ingresó al terreno para realizar el proceso legal y levantamiento del cadáver. Según revelaron los agentes, el objetivo era documentar debidamente la escena de crimen.
Los restos de Jennifer fueron hallados a solo unas cuadras de la "casona endemoniada" en donde el pasado 5 de mayo un grupo de al menos seis personas realizó un sacrificio aparentemente satánico.
La víctima fue Gloria Liceth Izaguirre Torres, de 41 años de edad. Este homicidio, según algunas evidencias encontradas en la investigación, pudo haber sido cometido por pandilleros de la 18 o de la MS-13, en contubernio con élites satánicas.

El cadáver de Jennifer A. Benítez Castañeda es el más reciente, hallado en la aldea de Corralitos, en el Distrito Central.
CRÍMENES PREMEDITADOS
Según investigaciones de la DPI, la joven era madre soltera, residente en la colonia Centroamericana de Comayagüela, lugar con alta presencia de grupos pandilleriles o simpatizantes de maras.
Estos jóvenes, la mayoría menores de edad, suelen camuflarse en las barras de equipos de fútbol y se hacen llamar "Revos" o "Revolucionarios", seguidores del Motagua; los que apoyan al equipo Olimpia, son conocidos como barra "Ultrafiel o "Ultras".
La DPI sospecha de varios de estos simpatizantes cercanos a la víctima y a su vivienda, además de algunas amistades que los anexan. Estos muchachos trabajarían como "reclutadores" de víctimas para jefes en la mara o pandilla.
El caso no se trató de robo, puesto que la víctima tenía todas sus pertenecías, a excepción de su teléfono celular. Se presume habría ido a un centro comercial cercano a su lugar de trabajo, cerca del aeropuerto Toncontín en Tegucigalpa. Luego se encontró con personas que conocía; incluso, habría usado su tarjeta de débito y en su cartera, tipo mochila pequeña, color rosado, cargaba productos de belleza y más de 600 lempiras.
Solía ir al cine los martes, para aprovechar las promociones; su madre le cuidaría a su hijo de tres años, esa noche, al salir con los amigos de quienes la víctima no reveló nombres en la llamada que hizo a un hermano que solía recogerla a su lugar de trabajo.
Pero esa misma noche no regresó, fue encontrada en un matorral de Corralitos, tenía golpes en todo el cuerpo y su rostro desfigurado, se supone por los garrotazos con un trozo de árbol, aunque también presentaba heridas de bala a un lado de su cabeza.
Ahora la Agencia de Investigación Criminal (ATIC) del MP amplía las indagaciones para capturar a los responsables del crimen.

El cuerpo de Maycol Rafael Contreras Urbina (22) fue hallado el pasado mes de junio en el caserío de Lodoponce, sector aledaño a Corralitos.
"BOTADERO" DE MUERTOS
Los registros policiales indican que desde hace un tiempo se había recibido denuncias de personas que utilizaban algunos solares baldíos para escuchar música de rock pesado o "metal", quienes fumaban marihuana e ingerían bebidas alcohólicas. Al pasar los años, quienes acaparaban ese sector comenzaron a ser grupos antisociales, maras o pandillas, cuyos miembros también se drogaban.
Luego se comenzaron a reportar robos, extorsión, y hace menos de tres años la incidencia delictiva pasó a crímenes horrendos. Corralitos comenzó a ser usado como "botadero" de cadáveres y sede de siniestras actividades, en donde sujetos buscan la oscuridad del bosque, usan los terrenos desolados y en medio del monte violan a sus víctimas, las envenenan y drogan, las descuartizan y hasta las someten a ritos satánicos para luego sacrificarlas.
Estas dos muertes violentas de mujeres en menos de dos meses, se suman a muchos más acontecidos este año y con mayor intensidad, desde finales del 2016 y 2017.
Para el caso, el 8 de diciembre de 2016, el cuerpo de una mujer fue encontrado en la profundidad de una poza en la aldea Corralitos, con una piedra atada con un lazo que rodeaba su cuello. Aparentemente los criminales quisieron que el cuerpo no flotara o emergiera a la superficie de la poza.
La fémina había sido reportada como perdida por parte de sus familiares cinco días previos a su hallazgo. Después de reiteradas búsquedas, entre pobladores y policías dieron con el cadáver que ya estaba descompuesto, pero según la Policía, había sido víctima de tortura por las señales aún presentes.
La víctima fue identificada como Joselyn Andino Martínez, de 20 años de edad y residente en la colonia El Carrizal de Comayagüela, a pocos kilómetros de los raptos de otras víctimas, es decir, el mismo radio de operación. Allí desapareció, luego de salir de su casa hacia un restaurante chino de la zona, mandado que le encomendó su madre para almorzar ese día, pero jamás regresó.

En este sector desolado del kilómetro 5 que conduce a la aldea de Corralitos fue encontrado el cadáver del mecánico Rony Josué Lanza Fonseca, en octubre del 2017.
MECÁNICO TORTURADO
Otro caso no menos violento aconteció el 17 de octubre de 2017. Rony José Lanza Fonseca, de 26 años de edad, fue encontrado muerto en un sector del kilómetro 6 de la aldea El Hatillo; su cadáver estaba envuelto en una bolsa y sacos, con evidentes golpes en el abdomen y rostro y su vestimenta desgarrada. Era mecánico de motocicletas y tenía un taller cerca del cerro El Picacho, en la zona nororiental de Tegucigalpa.
El reporte policial indica que el muchacho recibió una llamada telefónica de un supuesto cliente, cuando se disponía a cenar con su esposa e hijo. Lo raptaron esa noche, su cuerpo fue encontrado al día siguiente, a unos kilómetros de Corralitos; pandilleros lo habrían torturado según las señales dejadas. El cuello, manos y pies los tenía amarrados con una cabuya anaranjada, sujetada a una especie de torniquete. Aldeanos escucharon cuando lo bajaron de un carro en la zona solitaria que da acceso al sector de El Hatillo.
A ese crimen se suma otro más. El pasado 19 de junio del 2018, adentro de un costal rojo, fue encontrado un cuerpo no identificado, ya que no portaba en sus ropas ningún documento personal. Estaba amarrado, con señales de haber sido torturado y posiblemente sus victimarios escogieron el radio de El Hatillo como "botadero" de cadáveres.
Unos días antes, el 7 de junio, otra persona más fue encontrada muerta en el caserío Lodoponce, en la misma aldea. La víctima era Maycol Rafael Contreras Urbina (22). Había sido raptado días antes de su casa, en la colonia El Manchén, de Tegucigalpa. Desconocidos lo llevaron hasta El Hatillo para matarlo con un arma de fuego calibre tipo nueve milímetros, según la DPI.
| TURISMO |
![]() Uno de los atractivos de toda la aldea, además de los miradores y el bosque, son los ríos, la poza Corralitos es de las más visitadas, pero menos resguardada. Los habitantes de la aldea Corralitos y sus alrededores se encuentran sorprendidos por el grado de violencia que impera en ese sector, considerado por propios y extraños como una zona de respiro y tranquilidad, apto para el turismo ecológico y escenario perfecto para los deportes extremos. Tanto El Hatillo como Corralitos son de las zonas más visitadas de la capital, allí se mueven decenas de turistas internos todos los fines de semana, quienes llegan especialmente para caminar o acampar en el denso bosque. El sector se ha convertido en el favorito de los jóvenes para hacer prácticas de rapel y escalada deportiva, alpinismo, caminatas, correr o practicar ciclismo de montaña. Además, el atractivo de toda la zona también son los miradores, los ríos y la poza Corralitos. Otros visitan el lugar atraídos por los deportes extremos, realizar la famosa actividad de descenso desde la montaña, con una cuerda, hasta la cascada El Cañón, entre otras vertientes que rodean todo El Hatillo, especialmente en el sector de Corralitos. Para llegar a esta hermosa cascada, el punto de referencia es el parque de El Hatillo, donde termina la calle pavimentada, de allí se toma la calle que va en dirección al parque La Tigra. Los automóviles se dejan estacionados en una escuela del sector para luego comenzar la caminata hacia la cascada. Según los que ya han realizado esta aventura, el río es espectacular a medida que se realiza la caminata de hermosos parajes, hasta terminar en la vertiente rodeada con paredes de piedra que terminan hasta la profundidad de la poza. Sumado a esas actividades de recreación en El Hatillo, nunca falta la visita previa al parque de El Picacho, al zoológico Rosy Walter y al Parque Nacional de La Tigra, entre otros atractivos de ese sector del Distrito Central. |
