El hambre no es una declaración política - La Vanguardia

La altitud que han alcanzado últimamente nuestras cotas de polarización política está consiguiendo hacer que parezcan subjetivos hechos tan objetivos como el hambre, la acción humanitaria o las migraciones. Ninguno de los tres términos debería ser opinable: son palabras que quieren decir exactamente lo que quieren decir, y que pueden basarse en datos y mediciones para dejarlas fuera del campo de la interpretación.

La lista de países en los que solo insinuar que hay niñas y niños con desnutrición es utilizado como arma arrojadiza entre partidos ha engrosado de forma preocupante en los últimos años. La polémica no se produce solo dentro de estos países: también en España referirse a según qué cuestiones de política exterior lleva detrás un meticuloso cálculo de rédito en forma de papeletas en las urnas, dando carne de cañón a los populismos.

El hambre no es una declaración política. Decir si hay hambre no es dar la razón a derechas ni a izquierdas. Decir con rigor que hay hambre es tan fácil como medir la relación peso-talla, peso-edad y el perímetro del brazo a una muestra considerable de menores de cinco años. Y, sobre todo, hacerlo libre y científicamente para poder solucionar inmediatamente el problema, no para dar la razón a nadie. Pero la realidad es que hoy tenemos dificultades para llevar a cabo un diagnóstico certero en muchos lugares del mundo, en gran parte porque sabemos que apenas anunciemos los resultados se interpretarán desde la arena política, dentro y fuera del país, y no desde la humanitaria. Incluso hablar de problemas de nutrición infantil en España tiene ya unas connotaciones políticas del todo innecesarias.